Amantes del Citroën 2CV en Europa

ATENAS, GRECIA. Viernes, 20 de noviembre de 2015. Es difícil hacer balance de todas las personas bondadosas que nos hemos encontrado por el camino y, además, amantes del Citroën 2CV. Además de los compañeros del Club del 2CV en Mallorca, que nos han ofrecido asistencia desde la distancia para resolver algunas de las incidencias que nos hemos ido encontrando por el camino, nos gustaría destacar el papel de las personas que, por casualidad, o no, nos han echado un cable en las reparaciones que no podíamos realizar nosotras por falta de herramientas o conocimiento.

  1. Uzès, Francia. Unos simpáticos franceses que tenían un Dyane 6 le echaron un vistazo. Engrasaron la suspensión y Thunderbird no volvió a quejarse.
  1. Budva, Montenegro. Cuando llegamos a Montenegro, tras dos semanas de lluvia incesante, el limpiaparabrisas dejó de funcionar. El motor se paró y no volvió a ponerse en marcha, aunque revisamos que todo estuviera perfectamente conectado. El motor del limpiaparabrisas era el de origen, nunca se había cambiado, y después de trabajar duramente durante quince días en Eslovenia y Croacia, finalmente en Montenegro se detuvo. Cuando alcanzamos Budva se lo comentamos a un simpático montenegrino, Danilo, que amablemente se ofreció a llevar el coche a su taller de confianza, de BMW. Allí fue imposible arreglarlo, pero nos dirigieron a un electricista que lo sustituyó temporalmente por el motor de limpiaparabrisas de un Volkswagen, mucho más grande que el de Citroën. Debido a su tamaño resultó imposible montar el salpicadero de nuevo, así que debíamos encontrar una solución: o bien arreglar nuestro motor de limpiaparabrisas, o bien comprar uno nuevo. Nuestro amigo montenegrino Danilo se ofreció a arreglarlo en una pequeña escapada que iba a hacer a Belgrado, capital serbia. A los dos días nos indicó que el motor del limpiaparabrisas llegaría por la tarde a la estación de autobuses de Budva, en un autobús que llegaría a las 17.30h. Y así fue. Nos presentamos en la estación sin saber muy bien a quién o qué esperar. Cuando llegó el autobús se bajó un joven que se acercó a nosotras y nos entregó un paquete. Era el motor del limpiaparabrisas. Arreglado.
  1. Paralia, Grecia. Cumplidos los 10.000 kilómetros, debíamos cambiar el aceite y el filtro de aceite. Lo primero podíamos hacerlo nosotras mismas, pero para lo segundo necesitábamos o bien la llave del filtro o un mecánico. Como no disponíamos de lo primero, acudimos a un taller. Al poco de llegar se presentó un hombre que se confesó amante de los Citroën 2CV. Montó una mesa, nos invitó a comer y charlamos mientras el mecánico cambiaba el filtro y el aceite. No tuvimos que pagar nada.

Además de estas notables anécdotas, nos hemos topado en el camino con gente maravillosa dispuesta a ayudarnos en lo necesario. No cabe la menor duda de que el Citroën 2CV levanta pasiones allí donde va.