Ana de Michelangelo

FLORENCIA, ITALIA. Martes 8 de septiembre de 2015.

Desnudarse ante el David de Miguel Ángel en Florencia como denuncia al imperante dominio patriarcal en la Historia del Arte. ‘Si el cuerpo femenino ha sido objeto de cosificación, el hecho de que estas mujeres artistas recurran a su propio cuerpo como herramienta artística, implica un acto subversivo a través del cual desestabilizar los cánones de la cultura patriarcal de la cual hemos sido víctimas’. Irene Ballester, historiadora.

La Galleria della Academia de Florencia estaba a reventar. El calor apretaba en aquella dictadura del palo selfie. Thelma, Louise y Anna se dieron el lujo de una comida copiosa acompañada por un buen vino italiano. Hablaron del patriarcado y del arte patriarcal.­ De que la historia del arte se ha explicado como fruto del genio de individuos “extraordinarios”, siempre del sexo masculino. De que durante siglos el rol de la mujer en el arte se limitó a un papel pasivo, como modelo o musa. Y su papel activo/creativo en el arte quedó relegado a un segundo plano, bajo la sombra del hombre. Según Laura Mulvey, “en el arte, la mujer se convirtió en una construcción producto de la sociedad patriarcal que, lejos de incluirla en la producción artística, como ingenuamente se podría pensar, la mantenía relegada a un único extremo del proceso, limitada a un papel de completa pasividad”.

Había que hacer algo. En la cuna del arte. Y qué mejor que ante el David de Miguel Ángel, una de las obras estelares del Renacimiento. Utilizar el cuerpo femenino para denunciar el predominio del arte patriarcal en la Historia. Apelar a la capacidad creadora de la mujer. Utilizar el cuerpo desnudo como obra de denuncia y no como objeto pasivo para el regocijo del hombre. Contemplaron la obra maestra escultórica de Miguel Ángel y se dirigieron a la sala de los retablos, con una luz más tenue, para escribir sobre el pecho de Louise las palabras “Anna de Michelangelo”. Regresaron ante el imperioso David y Louise bajó sosegadamente la cremallera de su vestido. Ya en ropa interior acudió una guarda para indicarle que no estaba permitido desnudarse en aquella sala. Y Louise le respondió que “al parecer, a David sí le está permitido”.

A juicio de la historiadora Irene Ballester, “en la actualidad una mujer desnuda o con poca ropa es reclamo publicitario tanto para perfumes como para coches y cuando vemos este tipo de anuncios sabemos que están regidos y dirigidos por y para la mirada masculina. Si el cuerpo femenino ha sido objeto de cosificación, el hecho de que estas mujeres artistas recurran a su propio cuerpo como herramienta artística, implica un acto subversivo a través del cual desestabilizar los cánones de la cultura patriarcal de la cual hemos sido víctimas. Implica con ello una reeducación de la mirada desde una perspectiva de análisis feminista, sin tapujos y sin limitaciones, porque éstas únicamente han sido establecidas por el patriarcado”. Y c

ontinúa: “La cuestión está en que la creación artística ha sido una plataforma a través de la cual denunciar situaciones de sometimiento, de ahí que mujeres artistas a través de una perspectiva de género presente en su trabajo se desvinculen de lo simplemente considerado estético para llevar a cabo un arte en el que tenga cabida la denuncia y con ello también la resistencia frente al control patriarcal”.

Muchas de las obras más universales y reconocidas del arte son representaciones femeninas. Y buena parte de ellas son desnudos. Decidieron utilizar su cuerpo para alejarse del desnudo femenino como fetiche, como instrumento por y para el hombre. La reacción del público fue extraordinaria. El mensaje quedó claro en los pocos segundos que pudieron permanecer en ropa interior frente al soberbio David. Los guardias de la Galleria se mostraron comprensivos. Varias mujeres acudieron a felicitar a las tres femmes, que habían ejecutado su primera performance con éxito. Lejos de pretender enmarcar su acción en el Body Art, su objetivo fue denunciar el papel pasivo de la mujer en el arte y reclamar su rol como creadora.