De las especies y otros demonios

CAMARGUE, FRANCIA. Martes, 25 de agosto de 2015. Paz y naturaleza hechas enclaves turísticos. Hemos llegado al punto de tener que declarar parques naturales o recintos protegidos para mantener la flora y la fauna autóctonos de los lugares en su estado más puro. Es triste. Descorazonador que los humanos nos hayamos cargado la naturaleza por nuestro disfrute egoísta. Destruir para construir. Y así, especies de seres como nosotros, expulsados de sus terrenos porque estorban. Los molestamos para que huyan. Porque, sin permiso, lo hemos declarado nuestro territorio. Y ellos, sintiéndolo, huyen. Se van antes de que los matemos. Porque son mucho más sabios que nosotros, a pesar de no tener la (in)capacidad de razonamiento. Saben que nosotros somos la especie más depredadora que existe. Y, los pocos parajes naturales que quedan a nuestro alrededor, de los pocos que han escapado de las garras de la “civilización”, decidimos protegerlos. Salvarlos de nosotros mismos. Porque quedan pocos y porque son únicos. Como lo eran todos los otros que ya hemos extinguido, en realidad.

Tristeza y belleza es caminar por estos parques naturales. Porque los otros ya no lo son, de naturales. Porque quedan pocos lugares a nuestro alrededor donde la naturaleza sea la verdadera protagonista. Los Humedales del Empordà en Catalunya y el Parque Natural de la Camargue en el Sur de Francia son pequeños paraísos donde el tiempo se para y el aire rezuma paz y armonía. Poblados por jilgueros, tejones, flamencos, gamos, anguilas de río, nutrias, sapos y nubes de mosquitos, los sedimentos del Muga y el Roine son el perfecto reino natural para todas estas y otras especies que, como Louise y Thelma, simplemente prueban de sobrevivir en un entorno salvaje.