El 2CV: pequeño, frágil, fiel

COMACCHIO, ITALIA. Domingo, 4 de octubre de 2015. El Citroën 2CV es un coche pequeño, redondeado, frágil por fuera, pero fuerte y seco por dentro, como de piedra. Parece muy pequeño en las carreteras repletas de coches grandes, fieras insaciables que arrasan sin contemplaciones todo lo que les rodea. El 2CV, Thunderbird para los amigos, o Barrufet, según se mire, te habla. Alto y claro. “Louise, estoy cansado”, ruge a veces. O “vamos hasta el fin del mundo, porfi”, suplica cuando recorremos carreteras vírgenes junto al mar. Simplemente hay que escucharle. Y mimarle.

1. Rueda pinchada
Casi todas las contrariedades llegan antes de empezar cualquier aventura. Y así fue en nuestro caso. Antes siquiera de partir de Mallorca a Barcelona, Louise se lo encontró un día con la rueda pinchada. Estaba empezando a cambiar la rueda cuando un par de jardineros se acercaron a echarle un cable.

2. Tubo de escape partido
El día previo a la partida desde La Garriga, se partió el tubo de escape, junto a una de las bridas que lo sujetaban dentro del motor. En pleno agosto resultó una odisea encontrar un mecánico capaz de soldarlo. A ojos de los mecánicos de coches modernos, resultaba misión imposible. “Hay que cambiar toda la pieza” o “necesitaremos unas cuantas horas para soldarlo”, decían. Finalmente apareció

de la nada un entregado Emili que en una hora lo dejó impecable.

3. Suspensión
Cuando recorríamos la costa francesa, antes de alcanzar Montpellier, el 2CV comenzó a quejarse en las curvas. Se oía un sonido metálico especialmente en las curvas cerradas. Al llegar a Uzès, unos amables franceses que tenían un Dyane 6 le echaron un vistazo. Engrasaron la suspensión y Thunderbird no volvió a quejarse.

4. Otras pequeñas incidencias
La puerta del copiloto necesitó un pequeño ajuste: apretar los tornillos que se habían aflojado.
El limpiaparabrisas era más eficaz en el lado del copiloto, así que la solución pasó por intercambiarlos, simplemente desatornillando y volviendo a atornillar.
La luz izquierda del freno dejó de funcionar y, tras comprobar que no se había fundido la bombilla, descubrimos que uno de los cables se había soltado y fue suficiente con engancharlos de nuevo.