“Por un viaje que empieza por el final, y por ello no se acaba”

BARCELONA, CATALUNYA. Sábado, 1 de agosto de 2015. Recibir un regalo de una buena amiga por los 30. Un gran presente titulado “Mucha gente pequeña” y con una dedicatoria de su admirado Eduardo Galeano en la portada. Con una preciosa edición pequeña y cuidada. La magia en los ojos de la amiga cuando le explica a Thelma como el libro la llamó para que se lo comprara. La emoción cuando, al abrir la página de la dedicatoria, ve escrito “Para Eva, claro”. En ese momento Thelma ya ha tomado la decisión de dejar la vida convencional que lleva y embarcarse en esta aventura fascinante y de autodescubrimiento. La sensación de conjunción del universo. De cómo esa preciosa persona a quién tanto quiere ha sido la conductora de este regalo que, inevitablemente, tenía que ir a parar a sus manos. “Para Eva, claro”. Hojear el libro con ansia y lágrimas en los ojos, cómo su amiga la mira emocionada por su excitación.

Tardar unos días en empezar a leerlo en profundidad. Retomarlo una asfixiante madrugada de julio para distraerse y que le atrape desde la primera página. Leerlo y releerlo en dos horas. A las dos y media de la noche, enviarle a Louise el cuento “La huelga”, que expresa exactamente la génesis por la que emprenden el viaje. La plasmación en poesía de lo que les corre por dentro y que ya no pueden parar. Convertir el texto en el manifiesto del viaje. Las palabras de Gustavo Duch les llenan el corazón, le dan un sentido al viaje y las hacen sentir acompañadas, no son las únicas locas en el mundo que piensan exactamente así.

Seguir con los preparativos del viaje, Louise deja Mallorca y se instala unos días en La Garriga para ultimar algunas cosas. Y un sábado por la mañana, llama excitada a Thelma “Mira este tuit

”, le dice. Una sucesión de preciosas palabras acompañan una foto de su querido 2CV: “Es cielo y mar; hasta que suena la bocina”. Gustavo Duch ha conocido su aventura y las menciona. Emocionadas, le agradecen la referencia y le instan a encontrarse. Se mueren por conocer a uno de los inspiradores filosóficos del viaje, justo antes de irse.

Encontrarse en Horta, Barcelona, para desayunar. Descubrirles un rincón desconocido de la ciudad que resulta mágico, lleno de historia, tradición y huertos. Lleno de vida auténtica, que es sobre lo que él escribe. Prometerle que nunca le explicarán a nadie dónde han estado. “Sitios como este nunca deberían salir en las listas”. Escuchar hablar al maestro sobre payeses, agricultura, calabacines, Galeano, David Fernández, el sector editorial, Pierre Rahbi. Sin descubrir cómo las ha llegado a conocer, presentarle a su preciado compañero de viaje motorizado. Sentirse inspiradas y agradecidas de haber tenido la oportunidad de conocer y conversar con Gustavo y de cómo un hecho así de casual e instintivo, ha llevado a construir parte de la filosofía del viaje y hasta a conocer al escritor en cuestión. La magia de cuando haces lo que sientes debes hacer.