El viaje2018-10-29T12:13:49+00:00

El peculiar viaje de dos mujeres a lomos de un Citroën 2CV hasta Oriente Medio

Las dos nos encontrábamos exactamente en el mismo punto vital, recién cumplidos los 30, y en vez de quejarnos de nuestras vidas y los sueños incumplidos, nos unimos y decidimos construir algo juntas. Algo que realmente nos apeteciera más allá de estándares o comodidades o miedos. Y eso hicimos. Tomamos las riendas de nuestras vidas. Que nos pertenecen. Sólo a nosotras.

Dejamos nuestros trabajos estables, nos desprendimos de todo lo material, todo lo innecesario para vivir. Para vivir realmente. Dejamos atrás carrera profesional, familia, amigos, parejas, rutinas, obligaciones. Y empezamos un viaje iniciático desde Mallorca en agosto de 2015. Sin apenas dinero ni haber planeado rutas pero eso sí, con un compañero de ensueño, como no podía ser de otra forma: un Citroën 2CV.

Dos amigas y un compañero de ensueño.

Al principio ni siquiera somos conscientes de esa zona de confort. Pero con el paso del tiempo la conciencia de que ésa no es la vida que queremos vivir, aunque así la hayamos forjado, llama a la puerta. Al principio adquiere la forma de una vocecita interior que reconoce todo aquello que no deseamos. Poco a poco esa vocecita se convierte en un grito a viva voz que verbaliza todo aquello que nos impide alcanzar un estadio de felicidad. Por fin. Ahora solo falta dar el primer paso y dar rienda suelta a nuestra imaginación.

Y cuando nos preguntaban si nos daba miedo, la respuesta era evidente. Claro que nos daba miedo. Miedo a fracasar, a perder, a que nos pasaran cosas que desconocemos, a un futuro incierto. Nos daba miedo lo desconocido. Pero lo importante no es el miedo, sino reconocerlo. Porque una vez se reconoce, se puede dar el gran salto. Descubrir qué queremos. Y quiénes somos. Los objetos nos proporcionan estatus para sentirnos cómodos en nuestro entorno. Nos condicionan. Nos acomodamos. Y nos estancamos. Aunque no nos gusta lo que nos rodea y lo que somos, resulta muy fácil permanecer sin inmutarse, recordándonos todo lo que sacrificamos para poder tener todo aquello que no necesitamos.

La huelga

Manifiesto de viaje

Hay un pequeño texto de una maravilla de libro, titulado Mucha gente pequeña, de Gustavo Duch, con el que nos identificamos por completo y que se ha convertido en el manifiesto de nuestra aventura de vida.

De hoy en adelante, declaramos, no trabajaremos nunca más para financiar estados déspotas que nos roban la vivienda o el sustento, ni para estados depresivos que nos roban la felicidad. El trabajo esclavo ha llegado a su fin. Interrumpimos inmediatamente y para siempre el consumo consumista que nos consume la sonrisa y devora mares, tierras, aires y aguas. Las gentes no son el Mercado, afirmamos; el mercado es sólo un lugar de encuentro. Se proclaman inactivas a perpetuidad las jornadas machistas que insultan al amor, al cuidado, al abrazo. Terminantemente lo decimos, ¡nos plantamos! Nos plantamos, cual semillas rebeldes en la Tierra, ante los abusos prepotentes que sobre ella cometemos.

Declaramos en huelga general y permanente al hambre y al dolor; al mal amor y al mal humor. Mantendremos en paro indefinido a las guerras. A sus hacedores les suspenderemos de todos sus cargos, por los siglos de los siglos, así sea. Y huelga decir que declaramos indefinidamente interrumpida la búsqueda y acumulación de la riqueza materialista responsable de todas las pobrezas. Entre camaradas, con almas cómplices, juramos ocupar todos los segundos, minutos y horas que hoy desocupamos, en la construcción colectiva de un estado de felicidad permanente.

Mucha gente pequeña. Gustavo Duch. Pol·len Edicions.

Ruta

mapa viaje

Cómo empieza todo

“Ana que sí, que me vengo, que no sé cómo lo haremos, no tengo ni un duro y no sé qué le explicaré a todo el mundo, pero vamos a hacer juntas esta locura”. Lo que empieza siendo la crisis de cumplir treinta, acaba transformándose en una revolución total. Frustradas con nuestras vidas cómodas y normalizadas y sintiendo que la vida puede ser algo más que eso que siempre se nos ha dicho que debe ser, decidimos tomar las riendas. Intentando crear alguna cosa constructiva con toda esa energía que tenemos y dirigiéndola para no estancarnos en la queja, empezamos a darle vueltas a si emprender un negocio juntas, a cambiar de trabajos, de residencia…

Pero nada nos convence del todo. La idea del viaje empieza un día que Ana me dice: “Eva, estoy tan harta que creo que, simplemente, voy a dejarlo todo, coger el 2CV y recorrer la costa mediterránea hasta Estambul. Deberías venir”.

En ese momento pienso dos cosas: una, que no lo puedo hacer (no tengo ni el dinero ni la fuerza); otra, que Ana lo va a hacer y yo me quedaré pasmada mirando cómo cumple su sueño. Pero el germen ya está en mi cabeza y una mañana de abril, agobiada en medio de un atasco yendo a trabajar, la llamo sin pensar. Es uno de esos momentos en la vida que sientes algo muy fuerte y decides hacer algo al respecto. ¡Cuántas otras ocasiones he dejado escapar un momento así, pensando, “ya se me pasará”!